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martes, 26 de abril de 2011

Al caer la tarde...



Muy tarde para ser de día y muy pronto para ser de noche, mis ojos paran entre el marco de la ventana y el infinito para descubrir los fugaces naranjas que el cielo regala a la ciudad a esa hora.
Entre la prisa infernal y la absoluta quietud,
entre el día y la noche,
entre la vida y la muerte.
A esa hora en la que todo cambia para ser igual que siempre,
a esa hora en la que puedo apresar el universo,
a esa hora en la que la extrañeza guarda todo lo que fue respondido ya.
A esa hora, cariño, me acuerdo de ti...

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